10/09/2017 -
Número 721

84% de las exportaciones se generan en el centro del país

Las exportaciones contribuyen a mejorar la calidad de vida de la gente. Por eso es preocupante que se exporte poco, con alta incidencia de productos primarios y con profundas divergencias entre regiones del país. Para revertir este proceso se necesita mejorar la inversión en capital humano y en infraestructura, profesionalizar la diplomacia y las agencias de promoción de exportaciones, eliminar burocracia y regulaciones prebendarias y dejar de dilatar la reforma impositiva. 

Una de las principales fuentes de promoción de desarrollo económico y social son las exportaciones. El premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman –crítico enfático del librecambismo sin intervención del Estado– resalta la importancia de las exportaciones porque determinan la capacidad para  importar. Con más importaciones, la población goza de una gama más diversificada y barata de productos para consumir (aumentando el bienestar) y los productores de una gama más amplia de máquinas, tecnología e insumos para producir (elevando la productividad económica).

La Argentina no se caracteriza por su vocación exportadora. Según datos recientes publicados por el INDEC, en el 1° semestre del 2017 se exportaron U$S 28 mil millones. Esto equivale a unos 640 dólares de exportaciones por habitante. En el mismo período Chile generó 1.800 dólares y Uruguay 1.000 dólares de exportaciones por habitante.  

Otro rasgo interesante que las estadísticas del INDEC permiten observar son las exportaciones por regiones. En esta perspectiva aparece que el relativamente bajo nivel de exportaciones se distribuye de la siguiente manera:

  • La región centro concentra el 84% de las exportaciones argentinas de las cuales el 75% son industriales y el 25% primarias y energía.
  • La Patagonia participa con el 8% de las exportaciones totales, distribuidas entre industriales y bienes primarios y energía en partes iguales.
  • El norte aporta otro 8% de las exportaciones de las cuales el 60% son primarias y energía y el 40% son productos industrializados

Estos datos ponen en evidencia las enormes diferencias en la capacidad exportadora que se presenta según las regiones. El grueso de las exportaciones, especialmente las industriales, se generan en el centro del país (región pampeana y Cuyo). El aporte de las provincias del sur es marginal y además la mitad son ventas de productos en bruto, sin procesamiento industrial, o hidrocarburos. En el norte, la marginalidad de las exportaciones es similar al sur, con el agravante de que es más baja la incidencia de los productos industrializados, además de que prácticamente no cuenta con exportaciones energéticas.   

Existe un amplio margen para aumentar las exportaciones. Especialmente si se pone el énfasis en abordar los factores que aletargan la capacidad exportadora a medida que se aleja de Buenos Aires. El desafío plantea una agenda de políticas amplia y compleja. Por un lado, seriedad y profesionalidad diplomática, tomando como prioridad estrechar lazos comerciales con los países más dinámicos. A esto hay que agregar un replanteo en las agencias de exportación estableciendo metas y monitoreo de resultados, reduciendo así los riesgos de que se conviertan en meros promotores de turismo de empresarios y funcionarios. Tan importante como esto es desplegar un trabajo perseverante para elevar la calidad del capital humano (educación y formación para el trabajo), del complejo científico-tecnológico (para agregar valor e innovaciones a los productos argentinos) y multiplicar la inversión en capital físico, infraestructura y financiamiento de la producción.

De impactos más inmediatos e igualmente importantes son la reforma impositiva, la desburocratización y la eliminación de regulaciones que encarecen artificialmente la logística. Las cargas sociales (impuesto al trabajo), Ingreso Brutos y tasas municipales (a los insumos), impuesto el cheque (al financiamiento) y a la ganancia mínima presunta (al capital físico) son impuestos que, a diferencia del IVA, quitan competitividad porque quedan incorporados dentro del costo final de los productos que se quieren exportar. Como en la exportación no se pueden trasladar a precio y tampoco se pueden licuar con devaluación, se convierten en una piedra atada al cuello de quiénes quieren desarrollar capacidades exportadoras. En el mismo sentido operan las regulaciones que generan prebendas rentísticas encareciendo el transporte de la producción.

No hay posibilidades de desarrollo si no se avanza hacia una mayor integración con el mundo. Por eso es fundamental que en los tres niveles de gobierno se asuma como tema prioritario abordar todos los factores que erosionan la capacidad exportadora del país.

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