Pobreza

Baja de la inflación reduce la pobreza pero no la elimina

La desaceleración de la inflación se refleja también en un menor crecimiento de la canasta básica con que se mide la pobreza. Esto, más la incipiente recuperación de la producción, contribuyen a reducir la pobreza. Pero no alcanzan para eliminarla. Para lograr este objetivo es necesario sumar audacia, innovación y coordinación en el proceso de modernización de las instituciones educativas y laborales. 

Solo 6% de mujeres pobres con hijos tienen un empleo formal

Dar oportunidad a que todos los niños accedan en su infancia a cuidados de calidad y a todas las mujeres a un empleo formal es un requisito indispensable para promover el progreso social. Esto no se logra obligando, como lo dispuso un fallo judicial, a que las empresas se hagan cargo de las guarderías de los hijos de sus empleadas. Es el Estado el que debe garantizar el acceso a servicios de alta calidad de cuidado de la infancia priorizando a los hogares de menores ingresos.  

Bono “para todos” apenas cubre la mitad de los ocupados

Los sindicatos presionan para lograr incrementos en las remuneraciones de los asalariados registrados. Aunque se argumente un interés social, estas políticas profundizan la pobreza. La razón es que los beneficios aumentan los costos laborales impactando sobre los precios de los bienes y servicios de la canasta básica, mientras que la mayoría de las familias pobres no reciben los beneficios porque sus ingresos se generan en el trabajo informal.

Asignación por hijo no alcanzó para terminar con la indigencia

El retorno de la medición de la pobreza y la indigencia confirman que mucha gente sufre privaciones materiales. El dato debería motivar autocrítica, especialmente en torno a la sobreestimación de los impactos que se esperaban del asistencialismo. Limitándose a repartir dinero no se logrará erradicar la indigencia ni mucho menos la pobreza. Además de ayuda social, se necesita estabilidad de precios, maternidad responsable y facilitar la inserción laboral de las mujeres.    

Tamaño familiar en altos ingresos se redujo 3 veces más que en los pobres

Aumenta la preocupación por la perseverancia de la pobreza. Se trata de un fenómeno que responde a factores estructurales donde se destacan la insuficiencia de empleos de calidad y la ausencia de servicios e infraestructura básica. Menos mencionado pero no menos importante es la aplicación de políticas públicas que desalientan entre las jóvenes la educación, la maternidad responsable y, asociado a ello, su inserción laboral.

Pobres consumen sólo un cuarto del total de alimentos

UNICEF informó que en la Argentina, a finales del 2015, 1 de cada 3 niños y adolescentes es pobre estructural.  Es decir, sufre alguna carencia de acceso a un derecho básico. La experiencia demuestra que con asistencialismo convencional nunca se revertirá esta dura realidad. En este marco, la devolución del IVA que grava los alimentos a la gente de más bajos ingresos plantea una alternativa innovadora con interesantes potencialidades.  

2 de cada 3 menores pobres no están habituados a internet

Las tecnologías basadas en la información tienen profundos impactos sobre los procesos productivos y los mercados de trabajo. La Argentina no está preparada ni preparando a sus nuevas generaciones para aprovechar las oportunidades ni afrontar los desafíos que imponen estos cambios. Por el contrario, se persevera en costosas políticas que llevan a la exclusión sobre todo de los más pobres.  

Más de un cuarto de la población vive con $43 por día

Los datos oficiales señalan que mucha gente vive con ingresos magros. El fenómeno está asociado a que los programas asistenciales no llegan a compensar las consecuencias de la alta inactividad laboral. Esta debilidad alerta sobre los costos sociales de seguir apostando al continuismo del desequilibrio fiscal y la falta de competitividad ya que ambas llevarán a la devaluación y a la aceleración de la inflación. La alternativa es abordar con responsabilidad y profesionalismo una profunda revisión y modernización del sector público.  

Un sistema integral para el cuidado de la primera infancia es esencial para salir de la pobreza

La Asignación Universal por Hijo es la política de protección social que reúne los mayores consensos. Sin embargo, para que sea efectiva ella debe articularse con acciones institucionales que apunten al cuidado de la primera infancia. Por un lado, porque el combate a la pobreza requiere de la activación laboral de todos los integrantes de los hogares pobres en edad activa y, por otro lado, porque es fundamental mejorar la atención y la estimulación temprana de los niños en situación de vulnerabilidad. En el presente número de Empleo y Desarrollo Social se ofrecen algunas ideas para institucionalizar un sistema de cuidados para la primera infancia que beneficie en forma particular a las familias en situación de pobreza.

 

2 de cada 3 mujeres pobres no trabaja

El Día de la Mujer motiva a la reflexión sobre la discriminación laboral femenina. Una faceta trascendental, desde el punto de vista del progreso social, es la baja inserción laboral de las mujeres que integran los hogares más pobres. Esto priva a las familias y a la sociedad de una fuente de generación de riqueza y somete a la mujeres a la dependencia del varón y del aparato asistencialista. Para revertir el fenómeno es imprescindible modernizar las instituciones educativas, laborales y asistenciales y romper con atávicas barreras culturales. 

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